Labios atrincherados

Labios atrincherados

¿Y si te digo que las batallas libradas en tu boca no han logrado mantener la paz en estos labios que padecen amor de guerra entre tu lengua, tu sonrisa y mi memoria?

Imagen | Publicado el de | Deja un comentario

Ocultando el rostro, guardando el valor.

 

Ocultar el rostro podría ser una forma de representar una indignación, una manifestación hacia un estado de desconfianza por “mostrarse” o como símbolo de colectividad, pues “no hay rostros para reconocer”. El rostro es la primera muestra de percepción individual que como humanos tenemos a partir de nuestra fisionomía. El ver hacia el rostro de una persona genera vínculos sociales y de empatía; conocer con la mirada, entender la expresión, reconocer el gesto en los labios, el fruncir el ceño. El rostro es la representación de la emoción externada en el cuerpo, pero también es la identificación de los rasgos que nos hacen únicos e inconfundibles.

 

Si bien se dan los casos de gemelos, donde dos personas comparten la misma fisionomía, también en estos casos las diferencias emocionales y de líneas de expresión pueden separar el mismo rostro que comparten ambas partes, y aún entre gemelos no se encuentran el mismo par.

 

Dado que el rostro juega un papel tan importante en nuestra vida de representación individual y de identidad propia, el uso de máscaras o de alguna prenda para ocultar el rostro puede tener connotaciones simbólicas, estéticas o clínicas. Simbólicas entendidas en los contextos sociales, culturales o de tradición, pues es claro que si el rostro se oculta, puede ser por vergüenza a demostrar emociones que se representan en las facciones, o para evitar ser reconocido en un ocultamiento hacia la sociedad que le es más fácil condenar a quienes tiene identificados, también el uso de objetos para tapar el rostro contiene contextos culturales, como rostros que cubren el verdadero para simular otros personajes, para imitar a otros seres, para encausar ideas, para enarbolar situaciones. Mientras que planteado desde diversas tradiciones puede ser para generar discursos de ocasiones especiales (carnavales, bailes regionales, ceremonias, ritos), y algunas de ellas logran generar efectos distintos al que se dan con la naturalidad de tener el rostro descubierto.

 

Giovanni Papini se hace la misma pregunta de las máscaras en uno de sus cuentos a partir de la voz de su personaje Gog. En él, Papini plantea esa cuestión sobre el ocultamiento del rostro.

 

¿Por qué el hombre cubre las partes de su cuerpo, incluso las manos (guantes) y deja desnuda la más importante, la cara? ¿Si ocultamos todos los miembros por pudor o vergüenza, por qué no esconder la cara, que es, indudablemente, la parte menos bella y perfecta?

 

El punto de encuentro de este planteamiento y el que propongo es el de la vergüenza ¿Por qué ocultamos el rostro ante la acción? Mientras que la parte estética y clínica están defendidas ante el ocultamiento del rostro, la parte simbólica contiene un elemento que me genera un malestar en cuanto al ocultamiento del rostro, y es el elemento de la identificación a partir de la acción. Cuando una persona comete una acción indigna, suele ésta ocultar el rostro, pensando que es más atroz el hecho del reconocimiento de su cara a partir de la acción que la acción misma que sustenta.

 

Tomemos el caso del ladrón; el ladrón, al cometer su acto, busca diseminarse entre las sombras colectivas para no ser identificado, jugando un doble papel en la sociedad, el papel de la persona que sin temor a ser visto, actúa y se incorpora dentro de la misma sociedad de la que pertenece para generar confianza y poder hacer su acto sin ser sospechoso, mientras que el otro papel, el del ladrón, crea una inestabilidad de la cual saca provecho en detrimento de la misma sociedad en la que busca ocultarse para no ser atacado, pues de ser des-cubierto, el acto deja de tener su función de ataque y al ser fácilmente identificado, se quita ese halo de confianza y difícilmente podría seguir con su figura de desestabilizador tratando de tener una vida dentro de la sociedad de la que quiere sacar provecho.

 

Si bien es cierto que la figura del ladrón se ha desvirtuado con los nuevos esquemas sociales, donde incluso el robo ya no se da de manera directa y física, los estándares de ocultamiento también son diversos, pues el ocultarse no implica el cubrirse, sino simplemente el simularse como dos partes dentro de una misma figura (pública y privada).

 

Es así, que la parte simbólica del rostro toma un nuevo enfoque, donde ya no basta con ocultarse, sino simular que uno se oculta.

 

Las ideas de revolución han trastocado las ideas de rebeldía y transformación de las juventudes del siglo XXI. El hecho de que los símbolos revolucionarios se hayan dado en los contextos de ideologías de izquierda y socialistas difieren mucho de los que se tenían como símbolos revolucionarios del siglo XVIII y XIX. Marx generó un nuevo paradigma en la idea de cambio de la opresión que ya no sólo se encontraba en el Estado, sino también en la nueva clase social que obtuvo poder después del Absolutismo, que es la clase burguesa, y a su vez, la religión como mecanismo de control para mantener subyugados a la clase proletaria.

 

Después de la llegada de la teoría Marxista, la idea de revolución cambió, y con ello, las figuras que mostraron su rostro para ser parte de los cambios lograron reconocimiento de que estas modificaciones pueden ser posibles desde la acción y la organización.

 

El problema ahora es el reconocimiento del rostro, pues si bien las figuras de personajes que generaron transformaciones sociales son bastante conocidas (Lenin, el Che, Magón, Mao Tse Tung etc..) la bandera de la revolución ha quedado limitada por el enaltecimiento de las figuras en vez de sus ideas. El rostro se vuelve la pieza clave de la ideología, a tal grado que incluso se crea un merchandise de la figura, pero no advierten de la contradicción de este fenómeno, donde la figura pierde su valor revolucionario y se vuelve un objeto a desear para ser visto por todos, pero inobservable por alguien.

 

Las injusticias sociales han llevado a que se creen nuevas formas de expresión, una muy utilizada pero que va perdiendo su efecto es la manifestación, donde el punto de fuerza es su notoriedad, el “ser vistos”. Dado que la sociedad se ha situado en un actuar pasivo y normalizado, el manifestarse en un conglomerado de personas que toman las calles para mostrar su indignación en contra del Estado o de prácticas injustas ha decantando a su vez en una normalización del manifestante, donde el impacto que antes producía un acto como este por innovador y arriesgado, hoy es parte de la simulación de la libre expresión del Estado, situación que ya venía advirtiendo toda la teoría crítica de Adorno y Horkheimer, y muy sagazmente Marcuse con su hombre unidimensional.

 

¿Qué está pasando ahora? El rostro del manifestante se cubre por sus actos, por su“derecho a manifestarse”, por un descontento e indignación de un Estado y sistema opresor, injusto, autoritario y cínico, en donde la presencia de la inconformidad debe estar presente en todo momento, pero la contradicción del mismo esquema entre la queja y la acción se legitima sin percatarse por el mismo Estado.

 

Cuando un manifestante muestra su inconformidad, lo hace dentro de los parámetros aceptables por la sociedad, una manifestación pacífica, donde no se usa otra cosa más que la palabra y la movilización, es permitida por el gobierno e incluso atendida en un simulacro de juego donde uno exige, y dependiendo de la notoriedad de quien lo hace, el Estado concede.

 

Ahora, cuando el manifestante muestra su descontento con actos que no son aceptables por la sociedad, la misma sociedad lo culpa, lo exhibe, lo condena, lo difama, y el manifestante, no se percata de que su acción la hace en detrimento de la misma sociedad a la que pertenece, pues ¿Qué daño ocasiona al Estado y a sus dirigentes cuando raya una pared, quema un carro, rompe vidrios, lastima a un policía o impide el acceso a vialidades o a espacios? El daño es reparado por los mismos integrantes que tienen la misma inconformidad de los que dañan, pero no están conscientes de su papel, y a su vez, criminalizan el acto porque es un ataque a ellos mismos, y es ahí donde juegan el mismo papel de quienes generan la inconformidad, pues apoyan el acto de coerción en contra de quienes los dañaron directamente, sin darse cuenta que con ello legitiman al poder que los oprime y los subyuga.

 

La gran contradicción que sucede en estos tiempos, es la práctica de la manifestación con el rostro cubierto, pues si bien es una muestra simbólica, el cubrirse el rostro expresa desconfianza por saberse como parte de quienes se manifiestan. Hoy en día, el cubrirse el rostro en una manifestación plantea la posibilidad de que puedan ser agredidos, identificados y afectados directamente al ser participes de una inconformidad que se organiza y se muestra ante la sociedad.

 

El artículo 6° de nuestra carta magna establece:

 

La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito o perturbe el orden público; el derecho a la información será garantizado por el Estado.

 

La Constitución defiende la libre expresión utilizada de manera responsable, si uno en su acción manifiesta una idea respetando el derecho a terceros, no habría temor a ser perseguido o juzgado. Sin embargo, el hecho de cubrirse el rostro por el sólo hecho a no ser identificado presenta una contradicción en la expresividad amparada por la ley, pues si estás en tu libre derecho a manifestarte y la forma de tu manifestación y libertad de expresión no está atacando a alguien ¿Por qué razón habría de taparse uno el rostro?

 

En un breve texto expuesto en la página de Sociedad de Filosofía Aplicada[1] Luis Vivanco Saavedra expone la posibilidad de una fenomenología de la máscara. En una parte del texto hace una observación bastante precisa sobre bajo qué percepción se debería de tener hacia aquellas personas que aún manifestándose para bien con el uso de máscaras, el ocultarse genera una percepción errónea de por qué habrían de ocultarse el rostro si no se está haciendo algo inadecuado:

 

Sería interesante preguntarle a algún fascineroso de los que llevan máscara o pasamontañas (en nuestra Universidad del Zulia a veces aparecen unos cuantos de ellos…) ¿Por qué se ponen máscara? ¿Para qué lo hacen? No importa si dicen o no la verdad: lo que digan los dirá a ellos, mostrará lo que son, lo que esconden en lo que dicen. En lo que no dicen, irá lo que dicen, lo que hay allí

 

Lo que presenta aquí el autor no es nada fortuito ni alejado de una percepción desprovista de praxis. Lo cierto es que el utilizar un aditamento para ocultar el rostro genera desconfianza hacia las intenciones con las cuales se muestran frente a los otros si uno no está en conocimiento de causa o si no milita con las mismas ideas de quienes han decidido taparse ¿Por qué razón habrían de generar un ocultamiento si la verdad de sus palabras es la voz de quienes pensamos lo mismo que ellos?

 

Es así, que las razones por las cuales movimientos de izquierda que han llevado ideas a niveles extremos plantean el utilizar pasamontañas o prendas que logren tapar la cara sólo están generando una idea errónea de cómo debe de generarse una propuesta de libre expresión, aún a consecuencia del hostigamiento y la identificación de nuestros rostros en vías de generar represalias, pues si bien es un riesgo implícito al momento de manifestarse ¿Acaso no se está uno preparado para asumir las consecuencias de nuestros actos, y más cuando nuestros actos tienen razón de ser?

 

 

 
 
 
 

Referencia:

- Luis Vivanco Saavedra: Para una Fenomenología de la máscara.

Facebook: https://www.facebook.com/luis.vivancosaavedra

 

- Giovanni Papini, Gog, México, Editorial Diana, pág. 77

 

- Herbert Marcuse, El hombre Unidimensional

 

- Theodor Adorno, Max Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración.

 

- Karl Marx, El Capital, Tomo II

 

- Karl Marx, Friederich Engels, Manifiesto del Partido Comunista

 

- Constitución Política de los Estados Unidos Méxicanos, Artículo 6


Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

Varias noches, el diablo se me apareció, y con la misma perseverancia con la que se caracteriza la maldad, insistía en provocarme los mas ínfimos y desgarradores temores; se mostraba de las formas más horripilantes, me maldecía con las más terribles palabras, buscaba mi peor defecto y lo hacía parecer el perpetuo temor de mi cordura; todo esto, era una pérdida para su tiempo, pues no me atemorizaba, no me molestaba, no me sacudía, no me afectaba; su peor castigo, no me importaba.

Una noche, la última de su triste intento, se me apareció, y con una voz hiriente y de resignación, me dijo:

“Es todo, no puedo hacer más contigo, por más que me esforcé en que temieras, en que dudaras, en lastimarte, en despreciarte, en destruirte, no lo logré, ¡He fracasado!

Pero eso sí, y no hay nada peor que sepas esto, yo no logre lo que tú solo has logrado, y tu peor castigo, es que ni siquiera te has dado cuenta; has desperdiciado tu vida, no eres nada, eres nadie, y en tu memoria, existirá para siempre este momento, el momento en el que pudiste hacer algo, pero no hiciste nada. Hoy, y para siempre, vivirá en ti la muerte con el más triste de todos los tormentos, la más horrible de todas las palabras, la más desgarradora de todas las ideas, repetirás por siempre estas letras: malgasté mi vida en el hubiera…”

Y en ese momento, dejé de vivir.

fear_by_JordanRobin

Publicado en Cuentos | 1 comentario

¿Cuánto cuesta$?

Duele, duele el coraje de ver correr más sangre en un sólo día que lo que duró todo un sexenio sangriento. Duele el alma, duelen los labios, duelen las palabras, duele el cuerpo gastado de tanto sufrir, de tanto observar. Duele escuchar, escuchar quejidos y lamentos deambulando a un lado de los fantasmas heridos. Permanece el dolor en cada paso que se ejecuta a un hombre, a un niño, a una mujer, a un anciano. Duele decir México, porque hay un titubeo en los labios, y la quijada tensa con el rostro desencajado. Duelen las lágrimas al salir de su guarida, esperando tanto tiempo a ser derramadas sin esperar a que se derrame sangre. Duele la sangre, la sangre que se pisa, al no saber ni cuándo ni de quien es. Duele la indiferencia, el hartazgo de los que siempre luchan y siempre son derrotados. Duele la mirada, miradas que ya no encuentran a otras miradas, sino que revisan al suelo; tal vez dolería menos si todos camináramos mirando hacia arriba, incluso mirando sentados, heridos o postrados al ras del suelo.

Duele la ironía, la impotencia, el odio…. El odio es lo que más duele, porque duele saber que puedes odiar al otro, sin saber que el otro eres tú. Duelen los vidrios que son pisados al caminar por las avenidas principales, y hacen cruak, cruak!! con cada pisada que uno camina. Duelen ver las calles solas, sin el reír de los niños, sin la venta de los ambulantes. Duele ver como son los mismos los que arreglan las calles y reconstruyen lo hecho por los violentos, sin darse cuenta que son ellos mismos los que recogen los cadáveres, los vidrios rotos, las ventanas abiertas, las puertas quitadas, el fuego apagado, las miradas perdidas, somos los mismos; y los otros, aquellos que no vemos en las calles, que mandan limpiar, arreglar, poner, quitar, arrestar, ejecutar, desaparecer, violentar, ofender y destruir nunca muestran sus rostros, nunca se exponen, nunca aparecen, nunca… están.

Duele verlo, duele sentirlo, duele vivirlo, duele pensarlo, duele no hacer nada, duele hacerlo todo, y a la vez no es nada. Duele ser humano, tratando de convivir con otros humanos. Duele ser el padre del hijo que nunca llegó a su casa, el nieto del abuelo que no podrá volver a sonreír, la madre que busca a su hijo entre los escombros, el compañero que ayuda al amigo en desgracia, el policía que es obligado a matar por unas migajas, el trabajador que debe arreglar las calles o lo despiden, el caminante que tiene que pasar desapercibido para no ser golpeado, el periodista que es silenciado con su propia vida, el niño que debe abandonar la inocencia, la pareja que busca el susurro de amor entre los solitarios, el país que siempre piensa en un mejor mañana… Todo duele, pero duele más, que el día de mañana, deje de doler.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Enajenados con la humanidad

Cuando uno está en conflicto con sus propios principios y costumbres, el mundo gira de manera vertiginosa ante cada suceso que se presenta. La sensación que precede ante el inminente ocaso de malestares ocasiona que todo lo que culmina en una nueva forma de ver las cosas se convierta en un simple ruido entre las mentes que no se oponen.

Hay muchos que necesitan del sustento de sentirse parte de algo, algo que consideran más grande que ellos mismos, con el propósito de saber que son importantes colectivamente ya que individualmente no han tenido la osadía de volverse presentes. La humanidad se ha caracterizado por mantenerse unida para arreglar conflictos aún a costa de crear nuevos conflictos. Las guerras, las luchas y las imposiciones no tendrían sustento si se tuviera consciente en cada uno de los que se manejan como humanos una presencia crítica y un individualismo colectivo, porque a fin de cuentas, la colectividad puede ocasionar graves problemas si se maneja por las pasiones más profundas de esa psique colectiva, basta que alguien pronuncie unas cuantas palabras que afecten a los corazones sensibles pero carentes de opinión para estimular fibras nerviosas y consolidar mentes que al final no sabrán porque hicieron las cosas y solamente se unieron a las causas porque no querían sentirse solos, desplazados o haberse perdido la oportunidad de ser algo más grande que ellos mismos.

La nobleza de una mente humana no radica en seguir ideas que otros han formulado y que pretenden inculcar que son las únicas formas para lograr los cambios. La nobleza humana radica en tener la convicción de defender posturas cuando la crítica dentro y fuera de los sucesos y las causas se ha agotado y se advierte que no hay mejor forma de emprender las situaciones adversas. Muchas de las grandes catástrofes en las que ha incurrido nuestra humanidad se deben a la falta de compromiso racional que cada uno debe de tener, pues es más fácil seguir con la marea de las masas que ir a contracorriente.

Nuestros ideales de revolución, de modificación y cambio de paradigmas en su mayoría no se han creado por la mayoría, sino por unos cuantos, unos cuantos que han tenido la osadía de manifestar su perspectiva aún a costa de sus propias vidas, a costa de su tranquilidad social y en detrimento en algunas ocasiones de su propia imagen. Hablamos todos de unión pero no cuestionamos cómo deben de darse las uniones, seguimos patrones de seguridad puesto que una sola vida puede morir por una noble causa y no ser tomada como tal, mientras que varias vidas acaecidas por diversas causas pueden manejarse como causas nobles. Aún tenemos miedo, no a las consecuencias abstraídas por nuestras decisiones afectadas por la manipulación en conjunto, sino miedo a dar voz a nuestras discrepancias ante la notoria voz de los que se han dejado consentir por el ardor de las masas.

Queremos el cambio, pero el cambio lo haríamos si viéramos que hay más personas que lo quieren. Buscamos la libertad, pero sólo si otros están dispuestos a buscarla, exigimos igualdad, pero nos sentimos diferentes cuando unos luchan y otros observan. Nuestro más grave error como humanidad ha sido sentirse parte de algo, y no pensar que debemos ser parte de nosotros mismos. Hemos creado dogmas de participación colectiva, pero no hemos creado críticas constructivas hacia esos parámetros de organización democrática, ¿O acaso es mejor la decisión de la mayoría cuando no tienen fundamentos, que la decisión bien fundamentada de una minoría?

Si quieren darle valor a sus vidas por una causa, empiecen por darle valor a su voz aún si contradice la misma causa, pues si nuestra voz se une a las otras sin pensar porque se unen, entonces esas voces se perderán en la inmensidad de los ecos sin memoria.

 

Publicado en Ensayo Filosofico | 2 comentarios

El modo hace la causa

Cuando en 1968, los estudiantes se organizaron para crear un movimiento social y exigir demandas de educación de forma libre y pacífica, ésta fue reprimida por el gobierno y ocultada la información sin que se juzgaran a los responsables de esta masacre no sólo de estudiantes, sino de cuanta persona apoyó la causa y se manifestó aquel fatídico día que fue un 2 de Octubre.

Coincidentemente, y de manera irónica, los juegos olímpicos se organizaron ese mismo año en nuestra ciudad justo 10 días después de aquella represión autoritaria que acalló las voces de discrepancia y fingió para beneficio de la imagen externa de nuestro país que aquel día fue un caso aislado y no afectaría la organización de un evento de carácter mundial.

Hoy, la historia sigue condenando aquellos hechos, pero los responsables de coaccionar la libre expresión siguen impunes, y el movimiento como tal sigue siendo una fuerte causa de unión por la educación. Con este hecho, abro el camino de lo que aconteció el día de hoy martes 19 de octubre en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en diferentes sedes de nuestra casa de estudios. Se organizaron los diferentes planteles para cerrar el acceso a las instalaciones y de manera pacífica exigir resoluciones a problemas que se siguen teniendo internamente en la universidad por grupos de poder, desinformación, actitudes y acciones autoritarias que afectan cada vez más la vida y la presencia académica de nuestra universidad.

Es deplorable el cómo se siguen manifestando muestras de represión ya no sólo a nivel estudiantil, sino también a nivel académico y administrativo. Con esto se parte, de que la universidad sigue estando en la mirada de grupos externos que pretenden descalificar y desacreditar el desarrollo y los logros que se han tenido al igual que el potencial que como institución pública y autónoma se ha conseguido obtener y por lo mismo se debe defender. Somos una universidad joven, con mucho que aprender de otras universidades que tuvieron experiencias similares y obstáculos que lograron superar.

Como todo proyecto que atenta contra el status quo establecido en el nivel educativo, será criticado y puesto en tela de juicio si es viable el seguir manteniendo un proyecto educativo que fue creado con la intención de evitar la exclusión y dar la oportunidad de tener una educación digna, gratuita y de prestigio para todos. Comento todo esto, ya que el plantel al que pertenezco, que es el plantel Del Valle, ha sido una pieza clave en la conformación de esta nueva actitud de comenzar a analizar la situación que se está manifestando en nuestra casa de estudios.

Nuestro plantel, siendo uno de los más pequeños, y por lo mismo, con un porcentaje menor de estudiantes a comparación con los otros planteles, ha mostrado poca actividad (por no decir casi nula) al momento de tomar decisiones, apoyar las causas y utilizar nuestro derecho de libre expresión sobre cuestiones que también nos están afectando como plantel y como parte de toda la universidad. Lo ocurrido el día de hoy es la primera muestra de voz que hemos dado en comparación con las otras sedes. Hay que reconocer que la forma en la que se hizo no fue bien organizada, bastante tardía en comparación con los otros planteles y muy mal fundamentada; sin embargo, se logró el que por primera vez, nuestro plantel tomará el centro de atención y comenzará a formar parte de la comunidad estudiantil de nuestra universidad.

Las razones por las cuales se tomó la iniciativa de intentar cerrar el plantel, y digo intentar puesto que el cierre no duró más de dos horas y al final se siguió permitiendo la entrada y salida de todos los estudiantes, administrativos y académicos, fue en solidaridad con las demás sedes de la UACM, aún así, no se logró el cometido, y la desinformación siguió corriendo a lo largo del día. Tomando una postura, rechazo profundamente el cierre de plantel de la manera en cómo se hizo; yo, al igual que muchos otros no se nos informó del plan que se concreto una hora antes del medio día, y afectó en gran parte el tiempo, el esfuerzo y las actividades que se tenían contempladas sin ser discutidas por toda la comunidad de nuestro plantel.

Antes de continuar, sería apropiado señalar los siguientes puntos:

- Aunque una gran parte de estudiantes estuvo a favor del cierre del plantel, la gran mayoría desconocíamos la intención de unos cuantos de unirse a la causa y cerrar también el plantel Del Valle.

- Los puntos por los cuales se intentaba apoyar la causa no eran del conocimiento de la comunidad, y muchas de esas propuestas eran completamente ajenas a la situación del plantel.

- La información fehaciente y concreta no la teníamos a disposición, y comenzó a darse una serie de posturas basadas en sólo suposiciones e información que iba circulando de forma oral sin ningún documento que lo respaldara.

 - No hubo en ningún momento durante mi presencia, que fue desde la 1 hasta las 6 de la tarde, enfrentamientos directos ni confrontaciones que generaran violencia. – Aún cuando se planteó el cierre del plantel una vez ya tomado por escasas dos horas (de las cuales se permitía aún el acceso y salida del plantel) se dio la oportunidad de votación para decidir si se permanecía cerrado o se abría. Al final, los mismos que trataron de impedir la entrada del plantel, dejaron sus puestos y se incorporaron al diálogo.

 - Integrantes de la comunidad estudiantil de los planteles San Lorenzo, Centro Histórico y Cuautepec llegaron a las 3 de la tarde para apoyar a la comunidad de nuestro plantel, aún cuando ya la mayoría se había retirado y la opción de seguir con el cierre ya no era viable. – A pesar de que las actividades se detuvieron en algunos sectores, muchos otros siguieron con sus labores sin tomar en cuenta lo que pasaba en la explanada.

Dada esta información, sería apropiado el comentar sobre un hecho que afectará la imagen pública de la universidad. A las 5 de la tarde se tenía organizada una conferencia magistral donde los Profesores Oliver Smithies, Premio Nobel de Fisiología 2007, y de Claude Cohen-Tannoudji, Premio Nobel de Física 1997 estarían dando su ponencia en el auditorio del plantel. Estas grandes figuras venían como invitados para la Conferencia del Cambio Climático.

Un punto importante y que no debe pasar desapercibido, es que la rectoría tenía pleno conocimiento sobre el paro de actividades en los planteles de las otras sedes (incluso con una semana de anticipación), lo cual tenía que ser considerada la posibilidad de que el plantel pudiera ser también cerrado por la misma comunidad estudiantil. Dado que el plantel del Valle no había dado muestras de movimiento en apoyo a las causas de la comunidad anteriormente, esto pudo haber dado la confianza de que no habría tal acto de manifestación en el plantel, y no habría porque mover las actividades para otro día.

Se entiende que un evento de tal magnitud es una gran oportunidad para el reconocimiento de la Universidad así como el aporte cultural y científico que conlleva traer a dos personas condecoradas con el máximo galardón educativo y de investigación, sin contar la organización con dos semanas de anticipación para que este evento fuera posible.

Sin embargo, se deben resaltar, desde mi opinión, 4 puntos muy importantes antes de desacreditar lo que aconteció el día de hoy:

1.- El cierre de plantel no se concretó como acabo de exponer previamente, y para la hora en la que se tendría la conferencia, la situación en el plantel ya no era significativa y no hubiera afectado la conferencia como lo planteó la rectora en su comunicado.

2.- La rectora publicó su comunicado vía internet a las 2:20 de la tarde, hora en la que ya la comunidad estudiantil estaba tratando de votar si se debía o no cerrar el plantel.

3.- La rectora pudo haber creado una oportunidad de diálogo con representantes del movimiento para evitar afectar estas actividades que se tenían planeadas.

4.- Por fortuna, los estudiantes que en un momento intentaron impedir el acceso al Auditorio se incorporaron al diálogo para evitar confrontaciones sin que esto demorará en más de una hora.

Entiendo perfectamente la postura de quienes ponían de argumento la conferencia que se tendría en la tarde, pero lo cierto es que la movilización que se dio en el plantel era necesaria, y eso permitió que por vez primera se logrará generar acuerdos entre todos los que conformamos el plantel, y por desgracia, aún cuando no estuvo organizado el movimiento al principio, al final se vio el avance en el diálogo y la comunicación entre las diferentes posturas y voces que conforman esta sede a la que pertenezco.

Para terminar, retomando el ejemplo del movimiento del 68, tengo la noción de que aquellos estudiantes que se organizaron para acudir a la explanada de las 3 culturas y dar su voz sobre inconformidades que estaban aconteciendo en ese momento en el contexto histórico de nuestro país, sabían que la imagen que tenía que darse ante el mundo debía ser la más apropiada para la celebración de los juegos olímpicos y eso implicaría que las miradas estarían puestas en el lado equivocado. El gobierno impediría a toda costa que los grandes problemas que aquejaban a nuestra nación fueran conocidos por la opinión mundial, y aún cuando la represión llegó a su máximo grado, el evento se hizo, sin que se exigiera justicia por la sangre derramada ni solucionando las peticiones por las cuales se hizo el movimiento.

Por otro lado, una analogía pero en otro contexto estaba aconteciendo hoy en nuestro plantel, pretendían que la universidad diera su mejor cara para evitar que personas reconocidas en el ámbito académico internacional se dieran cuenta de la represión, la falta de diálogo y el autoritarismo que está sucediendo en nuestra casa de estudios. Tal vez podría salir a colación el dicho “la ropa sucia se lava en casa” pero cuando la ropa empieza a destilar un olor desagradable, por más que se quiera ocultar, lo evidente no podrá ser escondido, y es nuestro derecho de expresarnos y nuestro deber como estudiantes el pedir que nuestra universidad sea un lugar de respeto, de convivencia pacífica y de armonía entre las diferentes voces. Toda verdadera universidad tiene sus deficiencias, y sólo a partir de que las encara y las problematiza, logra superar sus mismas adversidades; si nosotros no empezamos ahora, entonces ¿cuándo?, y si éste no es el modo, entonces, ¿cómo? .

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Solamente es otro fin del mundo.

Ya tenía preparadas mis cosas, la situación no podía ser más frenética, pues ya habían pasado unas horas antes de que marcaran las 0 horas. Me sudaba la frente, el corazón no paraba de latir cada vez más aprisa, y esa sensación de tener a cada momento la boca seca se hacía cada vez más molesto.

Tenía que encontrar la manera de sobrevivir, de arrepentirme de mis pecados, sabía y conocía mis defectos, a quienes les había hecho daño, a quienes me tenían en un mal concepto, y con cada pensamiento en mi contra, los minutos y segundos iban pasando más deprisa. El reloj no se detenía, seguía su marcha y con ello me conducía al final de mi existencia. Quiero decir, ya lo habían confirmado, ya lo habían vaticinado, ¿porque mentiría un experto en la interpretación de la biblia?, no podía estar equivocado, a eso me refiero cuando digo que realmente había gente que aun sigue siendo devota y mantiene el temor a lo divino, a lo grande a lo inexorable.

Conforme iba pasando cada aguja del segundero en el reloj, La tensión iba incrementándose, las manos comenzaron a sudarme, y el aliento se me vino lento y difícil de pasar. Al fin dieron las 0 horas, era increíble, entre más esta uno consciente del tiempo, las cosas no se van volviendo lentas, sino más precisas, pero también más nefastas, no entendía porque no había pasado nada, ni una trompeta que anunciara el fin del mundo, ni un temblor, ni una lámpara que se moviera de manera vertiginosa, solo unos cuantos sonidos de perros ladrando por el vecindario que no dejan dormir.

Me encontraba frente al televisor, apagado, junto con todas las luces de la casa, había tenido la gran idea de poner el despertador, pero supuse que eso solo alteraría mis nervios. Me levante del sillón donde yacía, inmóvil y un poco trastornado ante lo sucedido, o mejor dicho, ante lo que no sucedió. Me dirigí hacia la ventana a contemplar algo que pudiera estar diferente, cualquier señal, solo pedía la mínima señal de que todo esto no fuera un fraude.

Alcé la mirada para observar la calle, retire completamente la cortina, esperando que justo en mi atención se produjera la catástrofe, pero nada, la calle estaba vacía, con las luces de los postes iluminando las banquetas, ni siquiera un carro pasaba por la calle, mucho menos el ruido ensordecedor de las motocicletas rayando el asfalto.

Me propuse no hacer caso a lo que se encontraba frente a mí, estaba decidido a no perder ningún segundo de este día que aún no terminaba e iba a ser el último en el que me encontraría en la tierra, quería disfrutar el olor de una buena taza de café, leer unos salmos, persinarme y encomendarme a dios para mi perdón y que me llevara a donde debía irme, pues también fui una de las personas que pregonó el regreso de nuestro señor Jesucristo, el que no conduciría a la vida eterna, y por el cual me mantendré firme en mi convicción de ser uno de los elegidos en este último día.

Preparé mi taza de café, mientras disfrutaba el silencio y la oscuridad de mi casa, solo puse una veladora prendida para guiarme en el camino y no tropezarme en mi andar por los pasillos. mi biblia siempre acompañándome justo en mi mano para hacerme compañía en este glorioso día que comenzaba con la última noche.

Regresé al comedor, con mi café en una mano y mi libro en la otra, me senté y me puse a leer el primer salmo para llegar al 41, luego de ahí seguir del 42 al 72, y así consecutivamente hasta llegar al 107, pues los últimos quería leerlos una vez terminada mi última jornada antes de la despedida.

Me quede absorto, contemplando mi lectura mientras las primeras 5 horas de la noche se convertían en día, y era como si el espectáculo a mi alrededor se transformara de colores, colores de luces de los carros reflejándose en el vidrio de mi ventana, colores de mis ojos manteniéndose fijos ante las letras salidas de sus aposentos que se dirigían a mis pupilas, colores, sonidos, olores, todo cuanto mi cuerpo pudiera apreciar mientras me mantenía fijo en mi lectura.

Dieron las 6 de la mañana, los primeros sonidos que se empezaban a escuchar de las aves, el viento comenzando a callarse, y sintiendo como la habitación cambiaba de tonalidad en unos claros grisáceos y fugaces.

Llegue a mi cometido, el salmo 107, donde sus grandes palabras “El que es sabio, que retenga estas cosas y comprenda la misericordia de Dios” me inundaron mis pensamientos y con ello el día se me volvió más perecedero.

Me di cuenta que el día seguía su curso, que las cosas no habían cambiado, y todo transcurría con normalidad, con sustento, con abandono incuestionable, tal vez era el único que había pensando en el fin, pero no importaba, yo no estaba equivocado, pues aún cuando faltan unas horas para terminar el día, en cualquier momento puede suceder algo increíble que haga que los demás cambien de opinión y se arrepientan de no haber escuchado.

Me dirigí a mi cuarto, abrí las ventanas y deje que el aire entrara por todos los rincones de la casa, digo, si este era el último día, quería apreciar todo el fulgor de la vida misma y sus placeres inmediatos, el sonido de los pájaros cantando en la mañana, el olor a flores, la luz del sol adueñándose de mi espacio, y la sensación del calor adentrándose en mis poros, todo esto, mientras me tomaba mi última taza de café.

Recordé que había cosas en mi armario que no había ordenado ni guardado por el ajetreo de preparar lo necesario para mi viaje, así que fui al closet, abrí la puerta y comencé a buscar algo que sintiera que había olvidado o que pudiera mantenerme despierto y ocupado mientras el final se aproximaba.

Busque entre la ropa que ya no me ponía, entre los libros, los regalos, las cosas inútiles que uno guarda por tener un valor emocional sin sentido. Y ahí, entre las prendas percudidas y el olor a polvo y humedad que se guardo por tanto tiempo en mi closet, encontré un álbum empolvado que debió haber estado guardado por más de 15 años.

Lo saqué con cuidado, lo limpié con detenimiento y me dispuse a abrirlo, y he ahí mi sorpresa, era un álbum de fotos y recortes de mi difunta esposa, con fotos que nunca había visto, con una ordenación minuciosa como solo ella podía haberlo hecho.

Pasé horas contemplando cada foto que contenía el álbum. Eran cientos de fotos, desde que era niña hasta incluso antes de que ella naciera, de sus padres, de sus abuelos, de su familia, todas esas personas que fueron parte de su vida, y que ahora me detestan. Sus padres, que me inculparon por su muerte, sus hermanas y sus amigos, por no estar a su lado, y mi soledad por no tener compañía.

Que mayor pretexto necesitaba para esperar con ansias el fin del mundo, ella ya no se encontraba a mi lado, y encontrar este álbum de fotos justo en este día, me provocaba un nudo en el estómago que no podía detenerse. Seguí pasando las hojas del álbum, cada vez más sorprendido por todo el tiempo que había pasado, aquellos momentos que hoy solo son recuerdo de las personas que lo vivieron, y para mí solo un recuerdo borroso de fotos viejas que nunca conocí por los secretos que se pueden tener como pareja.

Llegué a la parte de las fotos donde salíamos juntos, donde la fui conociendo, donde me enamoré de ella, y también en la parte donde nuestras peleas provocaron que quemáramos las fotos, nunca creí que llegó a salvarlas, y ahí estaban, unas quemadas pero logrando apreciarse el momento en la fotografía, y donde cada foto era una flecha a mi dolor, a mi recuerdo que me atormentaba, imágenes que no volverían pues la muerte solo la tenía esperando a que yo me reuniera con ella.

Llegué final del álbum, justo donde comenzaba la cubierta, y encontré una carta doblada, una carta que estaba finamente doblada, como guardando un secreto a punto de ser revelado. La desdoblé, y comencé a leerla; era de ella, con su letra inconfundible y hermosa diciendo el terrible dolor que le producía el que no estuviera con ella, que tanto tiempo aguardándome en el hogar mientras me iba de gira, mientras mi trabajo me empujaba cada vez más y más lejos de ella, y por esa razón debía marcharse, debía olvidarse de su amor por mí, de su compromiso ante el altar, de su lejanía para no destrozarse, y con esa carta, se despedía, con la seguridad de que yo la encontraría.

Aguantándome hasta el final para no derrumbarme, sostuve la carta con ambas manos y la volví a doblar tan finamente como la había encontrado, la guarde en mi pantalón y me baje al comedor. Estando ahí, dando las 2 de la tarde, ya no me importaba si el mundo se acababa o no conmigo, sólo quería marcharme incluso antes de que llegue el tan ansiado final.

Tomé el revólver que tenía guardado en un cajón escondido en uno de los muebles del comedor, metí una bala y la  puse en el barrilete, le di un giro y la cerré, y la dejé en la mesa. Fui a la cocina y saque de la barra una botella de whisky y un vaso. Regresé al comedor y me senté en la mesa de centro, llene el primer vaso y con él tomé el revólver y me lo puse en la sien, quite el seguro y tomé el primer trago, seguido de él apreté el gatillo. Nada, no era el momento.

Mientras hacía eso, me había propuesto lo siguiente: iba a leer cada hora los últimos 6 salmos y si llegaba al final sin haberme matado, cedería ante mi propósito de matarme y con ello saber que el día del juicio no llegó o yo me fui antes.

Tomé la biblia, y leí el primer salmo del libro 150: “!Aleluya¡, alaben a Dios en su santuario, alábenlo en su poderoso firmamento”

Nada pasó, seguía recordando a mi bella Eleonora, con su mirada hermosa postrada en mi rostro, mirándome y diciéndome lo mucho que me amaba.

Dieron las 4, era la segunda hora, el segundo trago y el segundo intento, volví a abrir el libro sagrado y me dirigí al salmo 150-2: “Alábenlo por sus grandes proezas, alábenlo por su inmensa grandeza”. Tomé el revólver y preparé la carga, jalé el gatillo, aún nada, sigo en mi intento

Recordé el porqué había elegido mi trabajo, el porqué aún ya teniendo a Eleonora falté tantas veces a la casa, sin su protección, sin su cariño, sin cuerpo junto a mi lado, en vez de todas esas giras absurdas para predicar la palabra de Dios.

El reloj marcó las 5 de la tarde, aún no pasa nada, iba por mi tercer trago y un nuevo intento, leí el salmo 150-3: “Alábenlo con toques de trompeta, alábenlo con el arpa y la cítara” Di el trago y siguió el jalar el gatillo. No podía ser que tuviera tanta disposición a seguir vivo.

Dieron las 6 de la tarde, aún me quedan 3 salmos y 3 lugares donde pueda estar la bala en el barrilete. Esta vez, me llegó la imagen de Leonora justo a mi memoria, imaginándome como podía haber muerto en ese accidente de auto, tal como ocurrió aquel fatídico día, con sus ojos tal vez llorosos en su partida, por no soportar mi ausencia, y cayéndose al barranco sin saber que yo regresaría unas horas más tarde.

Tomé el licor y me dispuse a leer: “Alábenlo con tambores y danzas, alábenlo con laudes y flautas”. Agarré el revólver y me lo puse en la sien, y mientras pronunciaba su nombre entre mis labios, jalé el gatillo, a sabiendas que no la volvería a ver, ni siquiera hoy, que era justo el día del fin del mundo.

Salmo 150-6 “!Que todos los seres vivientes alaben al Señor¡”

Publicado en Cuentos | Deja un comentario