“Qui potest capere, capiat”

Ella no lo sabía, pero su cuerpo desfragmentado buscaba en cada paso y caricia, que los placeres se volvieran eternos. Sus manos, deseaban el último encuentro. A todas horas, se precipitaba para dejar de lado su ego, su yo desenfrenado, su espíritu impasible que buscaba desencadenar todas las respuestas. No era coincidencia que hayan estado juntos, pero era la ilusión de la coincidencia lo que los mantenía cerca.

Ahora, ella ya lo sabe, pero tiene todas las preguntas, y una ausencia de otro cuerpo que se sabe de ella; y mientras esquiva constantemente la idea de la soledad, como un enemigo furtivo que no la deja dormitar en su escondite, aquel cuerpo cercenado por la disputa, por la separación de un inminente adiós, se encuentra lejos del abandono, y se mantiene sereno ante la certeza última del caos, que es ésta: se sabe como parte de ella, se encuentra como parte de todo.chosing paths by Andrea-Reyes.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Vamos amándonos

Vamos a estar juntos sin tenernos,

porque justo es así que podemos encontrarnos,

Que en tus sueños tengas la dicha de vivir con tus gatos, y que sepas que alguien más los ama como tú lo has hecho.

Que tengas el gusto de conocer nuevos rostros, que también aprendas a volverte a caer, a volver a confiar, a maravillarte por lo impredecible.

Vamos a tener que descubrirnos, que valoremos nuestros momentos, las derrotas, los grandes triunfos, y que si requieres a alguien que sepas que le son importantes, seré uno de ellos.

Vamos caminando, en la distancia, sin amarguras ni reproches, porque el camino es largo, y voltear para saber si el otro se ha caído, o si ha avanzado, nos retrasará en el andar, caminando en soledad llegaremos más rápido, pero si caminamos sabiendo que hay alguien llegaremos más lejos.

Vámonos viviendo, porque tratar de comprendernos es una empresa difícil; no vivo para ti, ni vives para mí, vivimos para nosotros, y estamos para sonreírnos, y aprendimos que habíamos caído juntos, que nos quitamos la sonrisa, y hemos vuelto a sonreír, y a cuidarnos porque lo merecemos.

Vamos a amarnos en secreto, porque la complicidad de querer que el otro se encuentre bien es el  amor verdadero.

Te propongo que nos liberemos del forzar a vernos

y nos veamos cuando se tenga el gusto.

Que sepas que pienso en ti, sin que te vea en mucho tiempo,

Que sepa que piensas en mí, sin saberlo.

Que tus manos toquen otras manos, tus labios otros labios, que tu cuerpo encuentre caricias donde sean aceptadas y correspondidas, y tu piel sea el punto de encuentro entre el amor y el deseo.

Que tu pensamiento se conecte con otras mentes, que el enamoramiento sea tu eterno proceder, y que permitas que te amen, y que ames tanto como te lo permitas.

Y que al final, al irnos, si después de todas las emociones y experiencias que se tengan, en una decisión que cambie el camino, si requieres de una piel,

una mirada,

un silencio,

una palabra,

una lágrima

y una sonrisa,

con un pensamiento conectado a tu distancia,

y un amor conectado en nuestras soledades,

que sepas que puedes encontrarlo …

conmigo.

Vámonos despidiendo, porque siempre tendremos la oportunidad de saludarnos.

Publicado en Sin categoría | 5 comentarios

Labios atrincherados

Labios atrincherados

¿Y si te digo que las batallas libradas en tu boca no han logrado mantener la paz en estos labios que padecen amor de guerra entre tu lengua, tu sonrisa y mi memoria?

Imagen | Publicado el por | Deja un comentario

Ocultando el rostro, guardando el valor.

 

Ocultar el rostro podría ser una forma de representar una indignación, una manifestación hacia un estado de desconfianza por “mostrarse” o como símbolo de colectividad, pues “no hay rostros para reconocer”. El rostro es la primera muestra de percepción individual que como humanos tenemos a partir de nuestra fisionomía. El ver hacia el rostro de una persona genera vínculos sociales y de empatía; conocer con la mirada, entender la expresión, reconocer el gesto en los labios, el fruncir el ceño. El rostro es la representación de la emoción externada en el cuerpo, pero también es la identificación de los rasgos que nos hacen únicos e inconfundibles.

 

Si bien se dan los casos de gemelos, donde dos personas comparten la misma fisionomía, también en estos casos las diferencias emocionales y de líneas de expresión pueden separar el mismo rostro que comparten ambas partes, y aún entre gemelos no se encuentran el mismo par.

 

Dado que el rostro juega un papel tan importante en nuestra vida de representación individual y de identidad propia, el uso de máscaras o de alguna prenda para ocultar el rostro puede tener connotaciones simbólicas, estéticas o clínicas. Simbólicas entendidas en los contextos sociales, culturales o de tradición, pues es claro que si el rostro se oculta, puede ser por vergüenza a demostrar emociones que se representan en las facciones, o para evitar ser reconocido en un ocultamiento hacia la sociedad que le es más fácil condenar a quienes tiene identificados, también el uso de objetos para tapar el rostro contiene contextos culturales, como rostros que cubren el verdadero para simular otros personajes, para imitar a otros seres, para encausar ideas, para enarbolar situaciones. Mientras que planteado desde diversas tradiciones puede ser para generar discursos de ocasiones especiales (carnavales, bailes regionales, ceremonias, ritos), y algunas de ellas logran generar efectos distintos al que se dan con la naturalidad de tener el rostro descubierto.

 

Giovanni Papini se hace la misma pregunta de las máscaras en uno de sus cuentos a partir de la voz de su personaje Gog. En él, Papini plantea esa cuestión sobre el ocultamiento del rostro.

 

¿Por qué el hombre cubre las partes de su cuerpo, incluso las manos (guantes) y deja desnuda la más importante, la cara? ¿Si ocultamos todos los miembros por pudor o vergüenza, por qué no esconder la cara, que es, indudablemente, la parte menos bella y perfecta?

 

El punto de encuentro de este planteamiento y el que propongo es el de la vergüenza ¿Por qué ocultamos el rostro ante la acción? Mientras que la parte estética y clínica están defendidas ante el ocultamiento del rostro, la parte simbólica contiene un elemento que me genera un malestar en cuanto al ocultamiento del rostro, y es el elemento de la identificación a partir de la acción. Cuando una persona comete una acción indigna, suele ésta ocultar el rostro, pensando que es más atroz el hecho del reconocimiento de su cara a partir de la acción que la acción misma que sustenta.

 

Tomemos el caso del ladrón; el ladrón, al cometer su acto, busca diseminarse entre las sombras colectivas para no ser identificado, jugando un doble papel en la sociedad, el papel de la persona que sin temor a ser visto, actúa y se incorpora dentro de la misma sociedad de la que pertenece para generar confianza y poder hacer su acto sin ser sospechoso, mientras que el otro papel, el del ladrón, crea una inestabilidad de la cual saca provecho en detrimento de la misma sociedad en la que busca ocultarse para no ser atacado, pues de ser des-cubierto, el acto deja de tener su función de ataque y al ser fácilmente identificado, se quita ese halo de confianza y difícilmente podría seguir con su figura de desestabilizador tratando de tener una vida dentro de la sociedad de la que quiere sacar provecho.

 

Si bien es cierto que la figura del ladrón se ha desvirtuado con los nuevos esquemas sociales, donde incluso el robo ya no se da de manera directa y física, los estándares de ocultamiento también son diversos, pues el ocultarse no implica el cubrirse, sino simplemente el simularse como dos partes dentro de una misma figura (pública y privada).

 

Es así, que la parte simbólica del rostro toma un nuevo enfoque, donde ya no basta con ocultarse, sino simular que uno se oculta.

 

Las ideas de revolución han trastocado las ideas de rebeldía y transformación de las juventudes del siglo XXI. El hecho de que los símbolos revolucionarios se hayan dado en los contextos de ideologías de izquierda y socialistas difieren mucho de los que se tenían como símbolos revolucionarios del siglo XVIII y XIX. Marx generó un nuevo paradigma en la idea de cambio de la opresión que ya no sólo se encontraba en el Estado, sino también en la nueva clase social que obtuvo poder después del Absolutismo, que es la clase burguesa, y a su vez, la religión como mecanismo de control para mantener subyugados a la clase proletaria.

 

Después de la llegada de la teoría Marxista, la idea de revolución cambió, y con ello, las figuras que mostraron su rostro para ser parte de los cambios lograron reconocimiento de que estas modificaciones pueden ser posibles desde la acción y la organización.

 

El problema ahora es el reconocimiento del rostro, pues si bien las figuras de personajes que generaron transformaciones sociales son bastante conocidas (Lenin, el Che, Magón, Mao Tse Tung etc..) la bandera de la revolución ha quedado limitada por el enaltecimiento de las figuras en vez de sus ideas. El rostro se vuelve la pieza clave de la ideología, a tal grado que incluso se crea un merchandise de la figura, pero no advierten de la contradicción de este fenómeno, donde la figura pierde su valor revolucionario y se vuelve un objeto a desear para ser visto por todos, pero inobservable por alguien.

 

Las injusticias sociales han llevado a que se creen nuevas formas de expresión, una muy utilizada pero que va perdiendo su efecto es la manifestación, donde el punto de fuerza es su notoriedad, el “ser vistos”. Dado que la sociedad se ha situado en un actuar pasivo y normalizado, el manifestarse en un conglomerado de personas que toman las calles para mostrar su indignación en contra del Estado o de prácticas injustas ha decantando a su vez en una normalización del manifestante, donde el impacto que antes producía un acto como este por innovador y arriesgado, hoy es parte de la simulación de la libre expresión del Estado, situación que ya venía advirtiendo toda la teoría crítica de Adorno y Horkheimer, y muy sagazmente Marcuse con su hombre unidimensional.

 

¿Qué está pasando ahora? El rostro del manifestante se cubre por sus actos, por su“derecho a manifestarse”, por un descontento e indignación de un Estado y sistema opresor, injusto, autoritario y cínico, en donde la presencia de la inconformidad debe estar presente en todo momento, pero la contradicción del mismo esquema entre la queja y la acción se legitima sin percatarse por el mismo Estado.

 

Cuando un manifestante muestra su inconformidad, lo hace dentro de los parámetros aceptables por la sociedad, una manifestación pacífica, donde no se usa otra cosa más que la palabra y la movilización, es permitida por el gobierno e incluso atendida en un simulacro de juego donde uno exige, y dependiendo de la notoriedad de quien lo hace, el Estado concede.

 

Ahora, cuando el manifestante muestra su descontento con actos que no son aceptables por la sociedad, la misma sociedad lo culpa, lo exhibe, lo condena, lo difama, y el manifestante, no se percata de que su acción la hace en detrimento de la misma sociedad a la que pertenece, pues ¿Qué daño ocasiona al Estado y a sus dirigentes cuando raya una pared, quema un carro, rompe vidrios, lastima a un policía o impide el acceso a vialidades o a espacios? El daño es reparado por los mismos integrantes que tienen la misma inconformidad de los que dañan, pero no están conscientes de su papel, y a su vez, criminalizan el acto porque es un ataque a ellos mismos, y es ahí donde juegan el mismo papel de quienes generan la inconformidad, pues apoyan el acto de coerción en contra de quienes los dañaron directamente, sin darse cuenta que con ello legitiman al poder que los oprime y los subyuga.

 

La gran contradicción que sucede en estos tiempos, es la práctica de la manifestación con el rostro cubierto, pues si bien es una muestra simbólica, el cubrirse el rostro expresa desconfianza por saberse como parte de quienes se manifiestan. Hoy en día, el cubrirse el rostro en una manifestación plantea la posibilidad de que puedan ser agredidos, identificados y afectados directamente al ser participes de una inconformidad que se organiza y se muestra ante la sociedad.

 

El artículo 6° de nuestra carta magna establece:

 

La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito o perturbe el orden público; el derecho a la información será garantizado por el Estado.

 

La Constitución defiende la libre expresión utilizada de manera responsable, si uno en su acción manifiesta una idea respetando el derecho a terceros, no habría temor a ser perseguido o juzgado. Sin embargo, el hecho de cubrirse el rostro por el sólo hecho a no ser identificado presenta una contradicción en la expresividad amparada por la ley, pues si estás en tu libre derecho a manifestarte y la forma de tu manifestación y libertad de expresión no está atacando a alguien ¿Por qué razón habría de taparse uno el rostro?

 

En un breve texto expuesto en la página de Sociedad de Filosofía Aplicada[1] Luis Vivanco Saavedra expone la posibilidad de una fenomenología de la máscara. En una parte del texto hace una observación bastante precisa sobre bajo qué percepción se debería de tener hacia aquellas personas que aún manifestándose para bien con el uso de máscaras, el ocultarse genera una percepción errónea de por qué habrían de ocultarse el rostro si no se está haciendo algo inadecuado:

 

Sería interesante preguntarle a algún fascineroso de los que llevan máscara o pasamontañas (en nuestra Universidad del Zulia a veces aparecen unos cuantos de ellos…) ¿Por qué se ponen máscara? ¿Para qué lo hacen? No importa si dicen o no la verdad: lo que digan los dirá a ellos, mostrará lo que son, lo que esconden en lo que dicen. En lo que no dicen, irá lo que dicen, lo que hay allí

 

Lo que presenta aquí el autor no es nada fortuito ni alejado de una percepción desprovista de praxis. Lo cierto es que el utilizar un aditamento para ocultar el rostro genera desconfianza hacia las intenciones con las cuales se muestran frente a los otros si uno no está en conocimiento de causa o si no milita con las mismas ideas de quienes han decidido taparse ¿Por qué razón habrían de generar un ocultamiento si la verdad de sus palabras es la voz de quienes pensamos lo mismo que ellos?

 

Es así, que las razones por las cuales movimientos de izquierda que han llevado ideas a niveles extremos plantean el utilizar pasamontañas o prendas que logren tapar la cara sólo están generando una idea errónea de cómo debe de generarse una propuesta de libre expresión, aún a consecuencia del hostigamiento y la identificación de nuestros rostros en vías de generar represalias, pues si bien es un riesgo implícito al momento de manifestarse ¿Acaso no se está uno preparado para asumir las consecuencias de nuestros actos, y más cuando nuestros actos tienen razón de ser?

 

 

 
 
 
 

Referencia:

– Luis Vivanco Saavedra: Para una Fenomenología de la máscara.

Facebook: https://www.facebook.com/luis.vivancosaavedra

 

– Giovanni Papini, Gog, México, Editorial Diana, pág. 77

 

– Herbert Marcuse, El hombre Unidimensional

 

– Theodor Adorno, Max Horkheimer, Dialéctica de la Ilustración.

 

– Karl Marx, El Capital, Tomo II

 

– Karl Marx, Friederich Engels, Manifiesto del Partido Comunista

 

– Constitución Política de los Estados Unidos Méxicanos, Artículo 6


Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones.

Varias noches, el diablo se me apareció, y con la misma perseverancia con la que se caracteriza la maldad, insistía en provocarme los mas ínfimos y desgarradores temores; se mostraba de las formas más horripilantes, me maldecía con las más terribles palabras, buscaba mi peor defecto y lo hacía parecer el perpetuo temor de mi cordura; todo esto, era una pérdida para su tiempo, pues no me atemorizaba, no me molestaba, no me sacudía, no me afectaba; su peor castigo, no me importaba.

Una noche, la última de su triste intento, se me apareció, y con una voz hiriente y de resignación, me dijo:

“Es todo, no puedo hacer más contigo, por más que me esforcé en que temieras, en que dudaras, en lastimarte, en despreciarte, en destruirte, no lo logré, ¡He fracasado!

Pero eso sí, y no hay nada peor que sepas esto, yo no logre lo que tú solo has logrado, y tu peor castigo, es que ni siquiera te has dado cuenta; has desperdiciado tu vida, no eres nada, eres nadie, y en tu memoria, existirá para siempre este momento, el momento en el que pudiste hacer algo, pero no hiciste nada. Hoy, y para siempre, vivirá en ti la muerte con el más triste de todos los tormentos, la más horrible de todas las palabras, la más desgarradora de todas las ideas, repetirás por siempre estas letras: malgasté mi vida en el hubiera…”

Y en ese momento, dejé de vivir.

fear_by_JordanRobin

Publicado en Cuentos | 1 Comentario

¿Cuánto cuesta$?

Duele, duele el coraje de ver correr más sangre en un sólo día que lo que duró todo un sexenio sangriento. Duele el alma, duelen los labios, duelen las palabras, duele el cuerpo gastado de tanto sufrir, de tanto observar. Duele escuchar, escuchar quejidos y lamentos deambulando a un lado de los fantasmas heridos. Permanece el dolor en cada paso que se ejecuta a un hombre, a un niño, a una mujer, a un anciano. Duele decir México, porque hay un titubeo en los labios, y la quijada tensa con el rostro desencajado. Duelen las lágrimas al salir de su guarida, esperando tanto tiempo a ser derramadas sin esperar a que se derrame sangre. Duele la sangre, la sangre que se pisa, al no saber ni cuándo ni de quien es. Duele la indiferencia, el hartazgo de los que siempre luchan y siempre son derrotados. Duele la mirada, miradas que ya no encuentran a otras miradas, sino que revisan al suelo; tal vez dolería menos si todos camináramos mirando hacia arriba, incluso mirando sentados, heridos o postrados al ras del suelo.

Duele la ironía, la impotencia, el odio…. El odio es lo que más duele, porque duele saber que puedes odiar al otro, sin saber que el otro eres tú. Duelen los vidrios que son pisados al caminar por las avenidas principales, y hacen cruak, cruak!! con cada pisada que uno camina. Duelen ver las calles solas, sin el reír de los niños, sin la venta de los ambulantes. Duele ver como son los mismos los que arreglan las calles y reconstruyen lo hecho por los violentos, sin darse cuenta que son ellos mismos los que recogen los cadáveres, los vidrios rotos, las ventanas abiertas, las puertas quitadas, el fuego apagado, las miradas perdidas, somos los mismos; y los otros, aquellos que no vemos en las calles, que mandan limpiar, arreglar, poner, quitar, arrestar, ejecutar, desaparecer, violentar, ofender y destruir nunca muestran sus rostros, nunca se exponen, nunca aparecen, nunca… están.

Duele verlo, duele sentirlo, duele vivirlo, duele pensarlo, duele no hacer nada, duele hacerlo todo, y a la vez no es nada. Duele ser humano, tratando de convivir con otros humanos. Duele ser el padre del hijo que nunca llegó a su casa, el nieto del abuelo que no podrá volver a sonreír, la madre que busca a su hijo entre los escombros, el compañero que ayuda al amigo en desgracia, el policía que es obligado a matar por unas migajas, el trabajador que debe arreglar las calles o lo despiden, el caminante que tiene que pasar desapercibido para no ser golpeado, el periodista que es silenciado con su propia vida, el niño que debe abandonar la inocencia, la pareja que busca el susurro de amor entre los solitarios, el país que siempre piensa en un mejor mañana… Todo duele, pero duele más, que el día de mañana, deje de doler.

Publicado en Sin categoría | Deja un comentario

Enajenados con la humanidad

Cuando uno está en conflicto con sus propios principios y costumbres, el mundo gira de manera vertiginosa ante cada suceso que se presenta. La sensación que precede ante el inminente ocaso de malestares ocasiona que todo lo que culmina en una nueva forma de ver las cosas se convierta en un simple ruido entre las mentes que no se oponen.

Hay muchos que necesitan del sustento de sentirse parte de algo, algo que consideran más grande que ellos mismos, con el propósito de saber que son importantes colectivamente ya que individualmente no han tenido la osadía de volverse presentes. La humanidad se ha caracterizado por mantenerse unida para arreglar conflictos aún a costa de crear nuevos conflictos. Las guerras, las luchas y las imposiciones no tendrían sustento si se tuviera consciente en cada uno de los que se manejan como humanos una presencia crítica y un individualismo colectivo, porque a fin de cuentas, la colectividad puede ocasionar graves problemas si se maneja por las pasiones más profundas de esa psique colectiva, basta que alguien pronuncie unas cuantas palabras que afecten a los corazones sensibles pero carentes de opinión para estimular fibras nerviosas y consolidar mentes que al final no sabrán porque hicieron las cosas y solamente se unieron a las causas porque no querían sentirse solos, desplazados o haberse perdido la oportunidad de ser algo más grande que ellos mismos.

La nobleza de una mente humana no radica en seguir ideas que otros han formulado y que pretenden inculcar que son las únicas formas para lograr los cambios. La nobleza humana radica en tener la convicción de defender posturas cuando la crítica dentro y fuera de los sucesos y las causas se ha agotado y se advierte que no hay mejor forma de emprender las situaciones adversas. Muchas de las grandes catástrofes en las que ha incurrido nuestra humanidad se deben a la falta de compromiso racional que cada uno debe de tener, pues es más fácil seguir con la marea de las masas que ir a contracorriente.

Nuestros ideales de revolución, de modificación y cambio de paradigmas en su mayoría no se han creado por la mayoría, sino por unos cuantos, unos cuantos que han tenido la osadía de manifestar su perspectiva aún a costa de sus propias vidas, a costa de su tranquilidad social y en detrimento en algunas ocasiones de su propia imagen. Hablamos todos de unión pero no cuestionamos cómo deben de darse las uniones, seguimos patrones de seguridad puesto que una sola vida puede morir por una noble causa y no ser tomada como tal, mientras que varias vidas acaecidas por diversas causas pueden manejarse como causas nobles. Aún tenemos miedo, no a las consecuencias abstraídas por nuestras decisiones afectadas por la manipulación en conjunto, sino miedo a dar voz a nuestras discrepancias ante la notoria voz de los que se han dejado consentir por el ardor de las masas.

Queremos el cambio, pero el cambio lo haríamos si viéramos que hay más personas que lo quieren. Buscamos la libertad, pero sólo si otros están dispuestos a buscarla, exigimos igualdad, pero nos sentimos diferentes cuando unos luchan y otros observan. Nuestro más grave error como humanidad ha sido sentirse parte de algo, y no pensar que debemos ser parte de nosotros mismos. Hemos creado dogmas de participación colectiva, pero no hemos creado críticas constructivas hacia esos parámetros de organización democrática, ¿O acaso es mejor la decisión de la mayoría cuando no tienen fundamentos, que la decisión bien fundamentada de una minoría?

Si quieren darle valor a sus vidas por una causa, empiecen por darle valor a su voz aún si contradice la misma causa, pues si nuestra voz se une a las otras sin pensar porque se unen, entonces esas voces se perderán en la inmensidad de los ecos sin memoria.

 

Publicado en Ensayo Filosofico | 2 comentarios